miércoles, 19 de septiembre de 2007

El castillo del silencio.


Odio estar solo, porque en momentos de soledad uno se escucha a si mismo, esa voz interna, el verdadero yo. y mi verdadero yo es muy existencialista, muy triste y extremadamente infantil. No puede aceptar la vida por lo que es. La cuestiona una y otra vez asquerosamente hasta el cansancio, hasta que pierde todo su sentido, se evapora la sustancia, y asi, la vida solo es un eterno vacío. Odio hablar conmigo mismo, porque empieza a pasar esto, pero ya es tarde. No puedo entender como es que aquello que pasa una vez no vuelve a repetirse. El pasado nunca vuelve, podrá suceder algo con un parecido excepcional, pero no es lo mismo. Y que pasa con eso que ya pasó? se evapora. Es solo vacío. Un dulce recuerdo, casi como sueño que ya ni sabemos si es real. Porque lo que queda en el ayer deja de se real inmediatamente, solo perpetúa algo de su materialidad si podemos ver sus efectos en nuestro presente, pero aún asi, el pasado es un sueño. Odio también que el amor sea una ilusión, odio que sea un afán de proveer de sentido una vida insulsa. ¿Qué es el amor? Ese arrebato que sentimos cuando esa persona esta cerca, ese calor que nos afecta cuando nos toca. ¿Cómo eso le agrega sabor a nuestras vidas? ¿Lo hace? no lo se. Hoy, de grande, ya no vuelo tan arriba, me estoy poniendo pesado y me voy anclando a la tierra. Y asi, las sensaciones se atenúan tienen esa cualidad terrenal, efímeras peleando contra la gravedad. ¿Será eso talvés, que las emociones ya no son tan intensas y ya los dias no estan llenos de sabores, estímulos? Quizas sea eso, quizas sea el haber entendido, que el mundo tiene poco de mágico, tiene poco de hermoso y que uno se aferra a meras construcciones para que la vida no sea una simple transición entre el dia y la noche.
Mañana quizas ya no piense asi, la noche trae que pensar.




Ju*